Si hace unos días os hablábamos de la terapia asistida con animales aplicada al autismo, hoy queremos trasladaros la opinión de Víctor, uno de los miembros del equipo de psicólogos de Conectadogs, sobre la actividad con perros que realizamos conjuntamente con la asociación Teamar, de la que Víctor también forma parte, para un grupo de jóvenes con Asperger, un síndrome que se enmarca dentro del trastorno del espectro autista (TEA).

Víctor y el resto de sus compañeros de TeaMar trabajan diariamente con personas con trastornos del espectro autista. Hoy, quieren compartir con todos vosotros la experiencia vivida con una actividad asistida con perros desde su óptica profesional, explicándonos los resultados de la misma en relación con este grupo de jóvenes.

Félix, durante la actividad con perros que realizamos con TeaMar | (C) Conectadogs

Actividad con perros para personas con autismo

Entre los diferentes aspectos a los que afecta el trastorno del espectro autista, encontramos las áreas del lenguaje y la comunicación, la gestión socio-emocional y la interacción con otras personas. También pueden darse alteraciones en las funciones ejecutivas, rigidez del pensamiento y conductas repetitivas. Así pues, las personas con TEA suelen tener complicaciones a la hora de relacionarse con otras personas.

Diferentes investigaciones han demostrado que, en muchas ocasiones, el contacto con otras especies facilita la comunicación y, además, hace que las personas con TEA puedan generar un vínculo con otro ser dejando de lado sus dificultades, pudiendo extrapolar estos avances a sus relaciones interpersonales.

Gracias a la colaboración entre TeaMar y Conectadogs, realizamos una actividad con perros para jóvenes con autismo, más concretamente con Asperger, con la que pudieron superar estas dificultades para conseguir una relación con los perros y con sus compañeros y cuidadores. El miedo inicial y el rechazo a probar nuevas actividades dio paso a una adaptación con los perros muy enriquecedora para el grupo.

Los jóvenes pudieron ver que había una clara dificultad a la hora de comunicarse con los canes: no podían hacerlo como si de una persona se tratara. Por este motivo, tuvieron que adaptarse a las necesidades de los perros para poder entenderlos y hacerse entender, de tal manera que les fuera posible realizar el circuito que habíamos preparado.

Se creó una suerte de espejo entre los perros y los jóvenes, ya que estos pudieron identificarse con esa necesidad de comunicarse de forma diferente: de esta forma, obtuvieron una mejor comprensión de sus dificultades a nivel personal, a la hora de comprender a los demás y de sentirse comprendidos ellos mismos, y pudieron trabajar este aspecto.

Estos avances se mostraron de diferentes maneras: chicos muy impacientes se armaron de paciencia para conseguir que su perro le respondiera; chicos con muchas dificultades para comunicarse, se esforzaron por entenderse con el can y luego le explicaron sus logros a sus compañeros e, incluso, les enseñaron cómo hacer diferentes ejercicios; otros chicos mostraron un rechazo inicial al contacto con los perros y, finalmente, acabaron acariciándolos y jugando con ellos.

Sin duda alguna, se trató de una actividad con perros que permitió a estos jóvenes empoderarse y superar barreras que limitan mucho su día a día, consiguiendo una mejor comprensión de sí mismos y adquiriendo habilidades para mejorar las relaciones con su entorno.

¡Ojalá muy pronto podamos repetir!    

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