Investigación en Terapia Asistida con Animales (III)

Continuamos con Investigación en Terapia Asistida con Animales (TAA) – Estado de la cuestión. Hoy os traemos una entrega dedicada al estado de la investigación en TAA aplicada a niños y jóvenes que padecen Trastornos del Espectro Autista (TEA). Con este artículo abrimos una subcategoría dedicada al autismo, al que seguirán en las próximas semanas dos entrevistas a dos psicólogos que nos contarán sus experiencias con la TAA aplicada a niñ@s y jóvenes con TEA. Resumimos esquemáticamente (para que os sea más fácil encontrar las fuentes que os interesen) los resultados de las investigaciones en torno a la TAA aplicada niñ@s y jóvenes con TEA. Curiosamente, no se ha realizado hasta la fecha ningún estudio científico con adultos. Nos centramos en estudios citados en un meta-análisis del que os hablamos en un post anterior (May y cols., 2016), por cuanto que ello garantiza que cumplen con los requisitos mínimos de calidad en investigación científica, y los dividimos en dos categorías en función de si en la terapia interviene caballos o perros:

Terapia Asistida con Caballos:

  • Gabriels y cols (2012) aplicaron un programa de 10 sesiones (una por semana) de equitación terapéutica a un grupo de 42 de chic@s de 6 a 16 años de edad. Éstos obtuvieron mejoras significativas en: 1) la auto-regulación del comportamiento, con menor irritabilidad e hiperactividad y menores conductas estereotipadas (movimientos o vocalizaciones repetitivos y sin un propósito concreto); 2) en la coordinación motora (coordinación de los movimientos del cuerpo con un objetivo, por ejemplo, subir y bajar del caballo); y 3) en el lenguaje, con mayores habilidades expresivas (mayor capacidad para expresarse en lenguaje oral, por ejemplo, durante una conversación).
  • Gabriels y cols (2015) ampliaron su investigación diseñando un estudio aleatorizado (un tipo de estudio con mayor garantía que el anterior) en el que participaron 116 jóvenes con TEA, de entre 6 y 16 años, a los que se aplicó un programa de 10 sesiones con frecuencia semanal. Encontraron que los pacientes que habían seguido el tratamiento de equitación terapéutica obtuvieron mejorías significativas en: 1) menor irritabilidad (menor número de enfados o de reacciones de ira y rabia); 2) menor hiperactividad (mayor capacidad para mantener una conducta tranquila y/o concentrada); 3) mejor cognición social (es la forma en que procesamos la información social, es decir, engloba la forma que tenemos de comprender o interpretar las emociones, pensamientos, intenciones y conductas de los demás; en el caso que nos ocupa, los jóvenes presentaron una mejor comprensión de las conductas sociales de otras personas); 4) mayor cantidad y calidad en la interacción social; y 5) mejoría en el lenguaje (mayor aprendizaje de palabras nuevas y uso de un mayor número de palabras durante una prueba de lenguaje oral).
  • Bass y Duchowny (2009) aplicaron un programa de 12 sesiones de equitación terapéutica a 19 chic@s de entre 5 y 10 años de edad. Éstos obtuvieron mejoras significativas en: 1) mayor búsqueda y sensibilidad sensorial (mayor búsqueda de estimulación y mayor reactividad a esos estímulos, por ejemplo, al tacto o al contacto físico); 2) mayor motivación por la interacción social; 3) menor distracción, falta de atención y sedentarismo.
  • Lanning y cols (2014) aplicaron un programa equitación terapéutica y otras actividades con los caballos (protocolizadas) a 10 chic@s durante 9 semanas. Los padres de éstos informaron de cambios significativos, a partir de la sexta semana, en: 1) estado de salud física (mejor sueño, alimentación y menor sensación de cansancio; 2) mayor estabilidad emocional (menos discusiones y menor irritabilidad); y 3) mejor funcionamiento social y escolar (interacciones sociales más frecuentes, mayor atención en clase y mayor participación en actividades deportivas).

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Terapia Asistida con Perros:

  • Silva y cols (2011) realizaron un estudio de caso único (un estudio en el que se evalúo a un solo paciente) en el que aplicaron una misma sesión de terapia dos veces: una en presencia de un perro de terapia y otra sin él. Aunque es un caso único, y por tanto tiene importantes limitaciones, las autoras utilizaron una observación del comportamiento del paciente muy bien sistematizada y categorizada (cuyo nombre técnico es metodología observacional). Los cambios que observaron en el paciente en la sesión asistida por el perro de terapia, en comparación con la sesión sin él, fueron los siguientes: 1) disminución significativa de comportamientos negativos, concretamente de conductas agresivas hacia objetos o el terapeuta, de conductas de “agarrar” objetos o los brazos del terapeuta y de conductas estereotipadas; y 2) aumento de comportamientos positivos, concretamente de contacto visual, sonrisas y conductas afectivas como acariciar.
  • Grigore y Rusu (2014) realizaron un estudio orientado a evaluar si la presencia de un perro de terapia aumentaba la efectividad de una técnica conocida como Historia social (una historia social es una historia corta que se utiliza para aclarar o ayudar a comprender situaciones sociales difíciles o confusas). Aunque se utilizó un diseño de investigación estándar, de nuevo este estudio contó con una muestra muy pequeña: 3 niños en edad preescolar. Los resultados fueron que la presencia del perro de terapia mientras se leía la historia social aumentó la frecuencia de las iniciaciones sociales (los niños, con mayor frecuencia, iniciaban espontáneamente las interacciones con otros niños o con la terapeuta) y disminuyó el nivel de pautas necesarias para obtener respuestas sociales de los niños (es decir, los niños mostraron un comportamiento o comprensión adecuados con menor número de pautas).
  • Funahashi y cols (2014) realizaron un estudio un tanto peculiar: midieron, a lo largo de 7 meses y con ayuda de una interfaz, el número de veces que sonreía un chico de 10 años con TEA durante actividades asistidas con perros, eminentemente en entorno lúdico-educativo Participaron un total de 6 perros: 3 Pomeranians, 2 Chihuahuas y un Dachshund. A su vez, observaron y midieron el comportamiento social del chico y finalmente cruzaron los datos. Repitieron el mismo procedimiento con un chico de la misma edad sin diagnóstico TEA, a modo de control. El resultado fue el siguiente: en ambos chicos, aunque de forma más acentuada en el chico con TEA, los comportamientos sociales positivos aumentaron cuando las sonrisas aumentaron, a la vez que los comportamientos sociales negativos disminuyeron cuando las sonrisas aumentaron. Ello sugiere que el generar un entorno de tratamiento que pueda causar sonrisas puede facilitar de una forma más natural los comportamientos sociales positivos del niño y se pueden disminuir sus comportamientos sociales negativos.

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Así pues, a modo de resumen podríamos decir que ambas modalidades de Terapia tiene efectos positivos en diferentes aspectos de los TEA, aunque la Terapia Asistida con Caballos parece tener beneficios más generalizados que la Terapia Asistida con Perros, por cuanto que los estudios indican que esta segunda parece tener beneficios eminentemente a nivel de interacción y comunicación social (¡que no es poco!) mientras que la primera parece que, además, aporta beneficios a nivel de psicomotricidad y de auto-regulación del comportamiento. Señalar también que los estudios que han involucrado a perros tienen más limitaciones metodológicas que los que han involucrado a caballos; entre estos últimos hay estudios realmente interesantes. En cualquier caso, ¡son buenas noticias! Las terapias asistidas están demostrando ser efectivas para pacientes con TEA. Falta mucho camino por recorrer.

¿Seguimos? Seguimos.

Si queréis saber más sobre TEA, os recomendamos estos dos enlaces: http://elsonidodelahierbaelcrecer.blogspot.com.es/ y https://autismodiario.org/

Bass, M. y Duchowny, C. (2009). The effect of therapeutic horseback Riding on Social Functioning in Children with Autism. En Journal of Autism and Developmental Disorders, 36, 1261-1267.

Gabriels, R. Agnew J., Holt, K, …, Mesibov, G. (2012). Pilot study measuring the effects of therapeutic horseback riding on school-age children and adolescents with autism spectrum disorders. En Research in Autism Spectrum Disorders, 6 (2), 578-588.

Gabriels, R.; Pan, Z.; Dechant, B.; Agnew, J.; Brim, N., y Mesibov, G (2015). Randomized controlled trial of Therapeutic Horseback Riding in Children and Adolescents with Autism Spectrum Disorder. En Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 54 (7), 541-549.

Funashi, A.; Gruebler, A.; Aoki, T.; Kadone, H. y Suzuki, K. (2014). Brief report: the smiles of a child with Autism Spectrum Disorder during an Animal-Assisted Activity may facilitate Social Positive Behaviors – Quantitative Analysis with Smile-detecting Interface. En journal of Autism and Developmental Disorders, 44, 685-693.

Lanning, B.; Matyastik, M.; Ivey-Hatz. J.; Krenek, N. y Tubbs, J. (2014). Effects of Equine Assisted Activities on Autism Spectrum Disorder. En Journal of Autism and Developmental Disorders, 44, 1897-1907.

May, D. K.; Seivert, N. P.; Cano, A.; Casey, R. J. y Johnson A. (2016). Animal-Assisted Therapy for Youth: A Systematic Methodological Critique. En Human-Animal Interaction Bulletin, 4 (1), pp. 1-18.

Silva, K.; Correia, R.; Lima, M.; Magalhães, A. y de Sousa, L. (2011). Can dogs prime autistic Children for Therapy? Evidence from a Single Case Study. En The journal of alternative and complementary medicine, 17 (7), 655-659.

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