Si en Disney hubiesen sabido la que se iba a armar tras 101 dálmatas, quizá hubieran hecho algo al respecto. Lo mismo ocurrió con los tráileres previos al estreno de la superproducción Max (Boaz Yakin, 2015), donde aparece un pastor belga malinois, o en Buscando a Dory (Andrew Stanton & Angus MacLane, 2016), cuya campaña, esta vez sí, alertaba con un  “¡NO BUSQUES a Dory!” frente al peligro que supuso la compra compulsiva de peces payaso (Amphiprioninae), como Nemo, y que ahora podía suponer la extinción del pez cirujano (Paracanthurus hepatus), como Dory.

A través de la imagen, nos forjamos unas ideas que, a menudo, afectan a los que nos rodean y a nuestra propia vida a niveles que no podemos llegar a imaginar. Con respecto a los perros, ha ocurrido en incontabilísimas ocasiones —desde Kommissar Rex hasta Lassie, pasando por Vincent, el labrador blanco de Perdidos, y siguiendo con el Ayudante de Santa Claus, el perro de Bart Simpson. No importa, en realidad. Si nos dejamos llevar por la estética, terminaremos encaprichándonos de ellos por cualquier medio: TV, o Internet, o una revista de mascotas.

Fuente original: cuántarazon.com

El gran problema del arranque/antojo por el físico de un perro es que este, debido a la selección artificial, alude a una serie de rasgos que se han potenciado en el carácter, las necesidades etológicas y, por supuesto, también en las patologías propias. Por esto, un pastor alemán tiene un carácter concreto, igual que un pastor belga, un basset hound o un teckel, y el primero o el segundo necesitan un enriquecimiento ambiental y un ejercicio distinto a un sabueso, un mestizo o un terrier.

Adoptar un perro de raza supone una serie de obligaciones extra que una gran mayoría olvidamos.

El perro mestizo no existe

Utilizamos la palabra mestizo para referirnos a un perro sin raza. En nuestra sociedad, y durante mucho tiempo, un perro sin raza se ha relacionado con características negativas debido al criterio estético y a la idea de que un perro sin raza definida es un perro callejero. No obstante, un perro mestizo es un animal, cuyo carácter no estará tan contaminado por la elección genética. En otras palabras, aquellas características que mejor hayan funcionado en los padres pasarán a él, pero aquellos que no, quedarán en el camino gracias a la mezcla genética.

Asimismo, cualquier perro no es más que un descendiente de los primeros lobos domesticados (desde un mastín a un chihuahua, ¡en serio!), por lo que, a grandes rasgos, cualquier perro cuenta con un porcentaje de mestizo dentro de él. El cruce de perros con el fin de mantener ciertas características genéticas —y, sobre todo, el cruce sin control y sin poner especial atención a todos los criterios necesarios de la cría— ha supuesto sorderas en dálmatas, convulsiones en los bóxer e imposibilidad de nacimientos sin cesáreas en los bulldogs ingleses. Todo ello son problemas que un perro mestizo jamás tendrá, gracias a su mezcla genética, la cual nos ofrece individuos más equilibrados de carácter, aunque dentro de un abanico mucho más amplio de caracteres también, y más sanos físicamente, pues los problemas de las generaciones previas se han ido resolviendo a lo largo de los años.

Fuente original: cuantarazon.com

Las razas como invento y su exigencia

A grandes rasgos, y en relación con nuestros colegas peludos, encontramos, pues, los siguientes puntos conflictivos a los que todavía no hemos prestado atención suficiente: las razas no existen, son una selección artificial realizada por los seres humanos con determinado fin. ¿Por qué? En su día, con un determinado fin; cada raza tiene una historia detrás muy vinculada a la utilidad que la línea del animal mantenía con los seres humanos: trabajo, compañía, cuidado del hogar o de los niños, vigilancia…

Hoy, la mayoría de nosotros no entendemos la relación con nuestros animales como utilitarista, sino todo lo contrario: disfrutamos de su compañía y los consideramos un miembro más de nuestra familia, pero adoptar un perro de raza supone una serie de obligaciones extra que una gran mayoría olvidamos: un pastor alemán necesitará «quemar» toda esa energía diaria rastreando, o corriendo, o jugando; su exigencia será distinta a la de un collie y, a su vez, de un border collie, o un pastor belga, o un perro de rastro, como el basset hound o el beagle. Por todo ello, si nos decidimos a compartir la vida con un perro de raza deberíamos informarnos de su carácter, así como de sus necesidades fisiológicas y etológicas para ver si puede encajar en nuestra vida.

Si bien al adoptar a cualquier animal tendremos que ser conscientes de que, aunque a veces ni la raza ni el conocimiento pueden solventar por arte de magia cualquier tipo de problema, saber si ese perro y esa raza, puede adaptarse a nuestra vida y vamos a realizar el esfuerzo que requiere, será importantísimo para evitar futuros disgustos. Del mismo modo, os insto a recordar que, cada año, se abandonan en España más de 100.000 perros (un 19 % de raza pura y un 81 % de mestizos) y que adoptar es salvar vidas y ayudar a combatir un problema muy grave de nuestro país.

 

 

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