El periodo de adaptación del perro tras una adopción

Estás en la protectora, firmas los papeles de la adopción junto a ese colega de cuatro patas con el que has sentido amor a primera vista, y empieza una nueva vida. Ahora dejáis atrás el centro, en coche, y los nervios, el deseo, las ganas de que él o ella vea todo lo que le espera se apoderan de ti y de toda la familia. Es normal —tiene que ser así—, pero antes de que todo se acelere a vuestro alrededor, hay algo que debemos grabarnos en la cabeza: un perro adoptado necesita un periodo de adaptación a su nuevo hogar.

Quizá pienses: ¿Periodo de adaptación? ¡Pero si solo le vienen cosas buenas ahora! No obstante, recuerda que los perros son animales de rutina, e incluso aquel más tranquilo, equilibrado y «buenazo/tontorrón» sufre una transformación general de sus rutinas: su chenil compartido o no, su inexistente rutina de paseos, su relación con otros perros del refugio… Y mucho más: olores, tipo de pienso, personas que van, personas que vienen, tiempos de juego, ubicación incluso.

Todos estos cambios (a mejor) siguen suponiendo una carga de estrés para el animal, por lo que, jamás deberíamos obviarlos, y sumar, y sumar expectativas que quieres que se cumplan de un día para el otro no ayudará: seguro que podréis jugar a disc dog, ir juntos a la montaña todas las semanas y compartir instantes de complicidad que se te clavarán en la retina, pero no fuerces la situación: tienes que crear un vínculo y, sobre todo, tienes que comprender qué representa el periodo de adaptación.

Llegar a casa; empezar una segunda vida

Cuando abras la puerta de tu casa, debes intuir quién te acompaña: ¿es un perro que fue abandonado con pocos meses de vida o una víctima de maltrato animal que ha salido adelante?, ¿es un animal con energía y una pizca de ansiedad incluso o un pachón que se va a tumbar en la alfombra del salón nada más te sientes en el sofá? En estos primeros días, viajaremos de vuelta con ciertas ideas preconcebidas, pero es importante tener presente que cualquier perro/a que sale de una protectora/perrera no es el perro/a que será el resto de su vida: esa larga lista de rutinas en el centro, suponen siempre una necesaria adaptación al entorno, por lo que, tras su adopción, el perro no cambiará mágicamente su carácter, pero sí algunas de las actitudes más visibles.

En casa, podrás ayudarle a adaptarse mejor si conoces aquellos mínimos que tu compañero necesita interiorizar. Te los explico con calma.

Al llegar a casa, el perro puede sufrir miedo/pasividad o actividad/sobreexcitación: lo menos habitual es que un animal que recién sale de la protectora se mantenga equilibrado de actitud (¡son muchos cambios!). Ofrécele un espacio de calma y deja que explore su nuevo hogar.

Asimismo, algunos de los errores más habituales son perseguirle por todas partes (tampoco te gustaría a ti, ¿no?) y empezar a reñirle cada vez que hace algo que no queremos. Estáis creando un vínculo afectivo: si no quieres que entre en la cocina, cierra la puerta; si dudas sobre darle acceso a un espacio, mejor restringe y luego permite. Los primeros días son sinónimo de calma y tranquilidad, un nivel bajo de exigencia y exploración.

Las rutinas ayudarán a tu colega a acostumbrarse rápido a su nueva vida: comidas, salidas, entradas, paseos… No es recomendable cambiar tu vida por él durante unos días, si después tienes que volver a modificar tu rutina: tú tienes que trabajar, él o ella tiene que aprender a estar a solas (si es posible, enriquece el ambiente con Kong, juguetes y estímulos positivos mucho más los primeros días) y, sobre todo, los paseos tienen que avanzar en la misma línea.

Pero no solo en lo que a horarios se refiere. Un paseo será ese momento de mayor aprendizaje: lo mejor es explorar el entorno paulatinamente. No paseéis durante cuatro horas por la ciudad, mejor empieza por tu barrio y amplía poco a poco. Déjale oler, moverse a su ritmo (no, no es necesario que vayas corriendo detrás de él: premia la calma e ignora el estrés en este punto; no obstante, «ármate» con un poquito más de tolerancia al error por ahora) y, sobre todo, ¡mucho ojo!, no es momento de forzar ni sobreexponer a situaciones, objetos o personas que le afecten negativamente. Quizá ese peludo nunca ha visto una bicicleta, o un coche, no ha ido nunca atado o paseado por una ciudad, estamos en un periodo de adaptación y este implica habituación. Si hay miedos, si hay estrés o ansiedad, lo trabajaremos más adelante.

En este tiempo, empezaremos a conocer el carácter de nuestro nuevo amigo o amiga: qué manías tiene, cómo interactúa con otros miembros de la familia (humanos, perros, gatos…). Un error muy habitual es comparar a dos perros: no hay dos personas iguales; no hay dos perros iguales. Así pues, el tiempo de adaptación y aprendizaje variará dependiendo de cada animal.

Si tiene su propio espacio, confort, tranquilidad y una adaptación gradual a todos los elementos que compondrán su vida (es decir, ni se te ocurra hacer una fiesta de bienvenida con dos docenas de amigos y familiares: eso no es progresivo, ni bueno para el animal), su periodo de adaptación a su nuevo hogar será mucho más rápido y seguro.

Ten en cuenta también los siguientes factores:

  1. Tu compañero/a debe estar identificado desde el primer día: si salís a la calle, antes de dejarlo libre en un parque o en la montaña, asegúrate de que su vínculo contigo es fuerte y que has practicado la orden de «llamada» y es efectiva.
  2. Educar con paciencia y en positivo funcionará siempre mucho mejor y mantendrá el vínculo entre ambos; los refuerzos negativos y los castigos positivos son negativos para el perro y para vuestra relación de confianza.
  3. La adaptación debería ser progresiva y en el siguiente orden: casa, familia cercana, rutinas de paseo, otros miembros de la familia y amigos, situaciones excepcionales, problemas de conducta, miedos, etc.

Con estos consejos bajo el brazo, superaréis la primera etapa de adaptación de tu colega peludo si ningún problema: recuerda, simplemente, que tú debes ser su referente de seguridad y confianza, y que esa es la base para vivir muchos años de una forma satisfactoria para todos. ¡Es tu responsabilidad que el nuevo miembro de la familia se adapte y se comporte bien!

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