Yo corro por los Sin Voz

Hoy hablamos con…

Miguel Ángel

Fundador de Yo corro por los Sin Voz

Mi nombre es Miguel Ángel, y soy terapeuta infantil, en un gabinete psicopedagógico en Sevilla. Sevilla, ciudad en la que nací y vivo. Una ciudad preciosa y abierta. pero también una ciudad que abandona, como muchas otras; solo que sus cifras llegan a ser una de las más altas de abandono animal.

Siempre he practicado deporte. Creo que el deporte educa en valores. Creo que, como un aula llevada por un buen profesor, es capaz de sacar mentes brillantes, pero lo que es mejor aún, personas con inteligencia emocional alta. Siempre me llamó mucho lo típico: el fútbol, baloncesto etc, pero lo que me enganchó enormemente fueron las artes marciales (capoeira, karate, jeet kune do etc) ya que su metodología sobre el respeto, la autoridad y la gran disciplina por el avanzar, era lo que mas me llenó, por que era lo que mas me formaba como quería ser.

Desde que tengo uso de razón, en mi hogar siempre ha habido un perro o un gato. En mi casa se nos educó con la responsabilidad de cuidar esa vida, con todo lo que ello conllevaba: alimentación, paseos, veterinarios, etc. pero sobre todo a amar lo que ellos te daban. En mi caso, creo que puedo decir, al igual que muchas personas, que la sensibilidad de conexión con los animales es muy alta. Puedo hasta decir que, en muchas ocasiones puedo estar mucho mas a gusto con mis mascotas que con personas. Su silencio acompañado con miradas me transporta a un nivel de relajación y desconexión máximas. Ese consuelo, cuando algo no va bien, es incomparable con el de muchas personas. En resumidas cuentas, mi amor por los animales, esos seres que conviven con nosotros en una tierra compartida y de la cual nos hemos apropiado, y limitado sus fronteras a nuestro antojo y convirtiéndola en un lugar egoístamente solo para nosotros, esos seres tan hermosos, son para mi tan necesarios e importantes como lo es el aire que respiramos.

Hace unos 5 años empecé a correr, eso tan aburrido que es avanzar hacia delante sin ningún fin, pero me lo recomendaron como algo que me vendría muy bien para levantar el ánimo en un momento duro de mi vida. Y así lo hice. Tanto que llegué a cogerle el gustillo: esa sensación de cada vez superarte más, de escucharte a ti mismo, ya que corriendo es el único deporte con el que he podido hablarme, escucharme. Donde mi cabeza y yo llegábamos a treguas, y buscábamos soluciones a los problemas que la vida nos planteaba.

© Yo corro por los Sin Voz

Pero un hecho hace dos años, lo cambió todo.

Yo vivía con mi perrita “Phoebe” de 18 años, y cada día veía en Facebook casos extremos de maltrato a perros y abandonos. Con “compartir” creía que estaba haciendo un gran trabajo, pero un día un caso me impactó. Un perrito mestizo estaba atado en una terraza con un cable, pasando frío. Sus dueños (dicho por sus vecinos) le agredían por hacerse las necesidades en dicha terraza. Hasta que un día, este animal fue lanzado desde un tercer piso al vacío, con la suerte para él que el capó de un coche amortiguó su caída. Lo recogieron los vecinos, y lo llevaron al veterinario; se mostraba muy triste pero sin ninguna lesión. Automáticamente se les devolvió a sus dueños, que lógicamente no aceptaron quedárselo ( ya que si lo lanzo por la ventana, es señal de que mucho no lo quería) así que lo pusieron en Facebook.

Este perrito pasó por varias casa de acogidas, hasta que su mirada la clavó en la mía. Por entonces vivía con mi expareja la cual era muy reacia a adoptar a ese perro. Entre conversaciones y discusiones, cada noche esos ojos venían a mi cabeza, hasta que algo me decía que debía de hacerlo por encima de todo. Era algo que me ardía por dentro. Así que lo adopté. A Lucas, así se llamaba, al tercer día de estar en casa, me lo llevé a correr conmigo. No sabía muy bien cómo reaccionaria, o si querría hacerlo, pero para mi sorpresa, un perro que había estado sus 6 meses de vida atado a una cuerda empezó a correr a mi lado como si hubiese sido adiestrado por mí, para que así lo hiciese. cuando lo observaba, desprendía felicidad, pero no solo dicho por mí, si no por todas las personas que nos cruzábamos por el parque, ya que su color blanco llamaba mucho la atención a las personas amantes de los perros que por allí paseaban.

Entonces uno de esos días que entrenaba con Lucas, observándolo, me dio una idea. ¿Por que no correr por los que sufren como lo hizo él? ¿Por qué no dejar de compartir y empezar hacer? Me informé sobre si había alguien que hiciese algo así por los perros, y no encontré nada. Así que me puse manos a la obra. Marqué un reto ambicioso: correr 250 km a lo largo de diferentes medias maratones, maratones y carreras populares a favor de una protectora de Sevilla. Conseguí unos 600 euros en donaciones para esta causa. Terminado, escuché en la radio a Carlos Rodríguez (veterinario activista con un programa en la Cope) decir que mientras lucháramos por causas aisladas solo serviría para tapar goteras, que hasta que no trabajásemos juntos, no empezaría a cambiar esto, lo que me hizo reflexionar, ¿por qué correr por una protectora, pudiendo correr por todas las que lo necesiten? y así nace Yo corro por los Sin Voz, un proyecto/reto deportivo para ayudar a protectoras y particulares de toda España que lo necesitasen, a través de web, crowdfunding, vendiendo merchandising, donando kilómetros etc. Todo, absolutamente todo para esa casa en particular.

© Yo corro por los Sin Voz

He aprendido muchas cosas desde que Yo corro por los Sin Voz empezó a andar, o mejor dicho, a correr. Entre ellas:

  • No es nada fácil conseguir donaciones para perros abandonados, adopciones etc
  • Existen las personas que le gustan los perros, los que no les gustan y los que los odian.
  • Hay muchísimas personas anónimas que luchan día y noche por salvarle la vida a muchos de estos peludos a veces por encima de sus posibilidades.
  • Que poco a poco se están endureciendo las leyes de protección animal y que debemos aprender muchísimo de otros animales.
  • Que para los demás países de Europa, somos un país de asesinos de animales.

He aprendido y hago referencia a unas palabras de José Mujica, que por jodido que estés, siempre tienes algo que dar a los demás. Tenemos, DEBEMOS dar más, podemos hacerlo, y somos capaces no solo económicamente si no de cualquiera de las maneras posibles de ayudar a estas almas. Solo poniéndote una camiseta de “yo apoyo a los perros”, o “no compres adopta, o “Yo corro por los sin voz”, se puede ayudar mucho más de lo que creemos.

Y, para terminar me gustaría exponer el fin de lo que hago. Por supuesto es apoyar y ayudar a las protectoras y particulares que lo pasan realmente mal por darle una vida digna a estos perros abandonados y maltratados, pero el fin primordial es dejar huella y que esa huella la sigan otros. Con cualquiera que coja el testigo, o se ponga una camiseta de Yo corro por los sin voz en Barcelona, Mérida, Badajoz o la Conchinchina… habré logrado el movimiento para que esto tenga voz. Voz que se les dará a los que no las tienen.

Hasta entonces, mientras ellos no tengan voz, no dejaras de escuchar la mía.

Yo corro por los sin voz, ¿ y tu?

 

 

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